Tarajal, nunca más

Hoy traigo a esta sección el testimonio que viene leyéndose hace un par de años en el aniversario de la muerte de 15 personas en las playas del Tarajal (Ceuta) intentando llegar a nuestro país. Son desgarradoras palabras que ilustran los sentimientos de tantas victimas de la Frontera Sur.
Trabajemos por humanizar nuestro mundo.

José Antonio Benítez Pineda, cmf

TARAJAL, NUNCA MAS

Aquella madrugada a los centinelas no les valió cerrar todas las puertas. En aquella madrugada alguien decidió que a los nadies nos debía quedar claro que no teníamos lugar ni en sus mesas ni en sus calles.

Aquella madrugada morimos a escasos metros de la tierra. Morimos respirando gas pues el aire lo enturbiasteis con vuestras sucias armas. Nos golpearon las pelotas de goma que alguien os mandó disparar. Aquella noche se os olvidó que teníais manos para socorrer. Aquella noche nos vendisteis a la muerte y la muerte nos compró.

Son tantos los días en los que olvidas que ni el sol, ni las estrellas, ni la tierra te pertenecen. Son tantos los días en que construyes nuevas fronteras, que se te olvidó que no eres el amo de la tierra. Ni las estrellas, ni el viento te pertenecen, ellos son libres como nosotros somos libres.

Pero te confundes. Esta tierra será de todos o no será. Tus ojos enloquecerán antes de que el  último de nosotros, los expulsados, muera en tu frontera.

Nuestro sueño es más grande que tu miedo y al igual que cada casa abierta nos hace más alegres, cierto es, cada caída en tu frontera nos hace sangre en el corazón. Nos duele cuando caemos, cuando morimos ahogados al lado de tus barcos de guerra, nos duele cuando el frío congela nuestros pies, nos duele cuando la arena del desierto nos entierra vivos.

Nos duelen las lágrimas de nuestra familia que no sabe dónde estamos enterrados. Nos duele la indiferencia con la que llenas cementerios de números. No entendemos tus entrañas incapaces de sentir el dolor de la madre, el padre que no sabe si esperar o llorar.

Y tú, Justicia, incapaz de permitir reconocer a los muertos. Ni en guerras más cruentas se desprecia tanto la vida. Nunca Justicia, podrás borrar de nuestros corazones los nombres que te niegas a escribir en nuestras tumbas.

Tú, Justicia, que niegas el duelo a los que seguimos vivos. Justicia que esconde a los muertos,  que se niega a escuchar a los que vieron, que no es capaz de entender que por encima de todo está la vida y que negar el auxilio al moribundo no es de bien nacido. Quédate con tu Justicia. Si nos niegas la vida ¿cómo nos vas a reconocer nuestros derechos?.

Lloremos a nuestros muertos en la frontera, consolémonos como una familia que ha sido golpeada en la misma alma. Pero hermanas, pero hermanos, que nuestro grito siempre denuncie al que se envuelve en leyes para disparar. Que nuestros ojos no descansen hasta que  ningún sueño muera ahogado en la frontera.  Que nuestros pies acompañen todos los caminos que recorren los que buscan un presente. Que los que persiguen la libertad encuentren en nuestras casas un rincón de tranquilidad. Que nuestras manos siempre estén dispuestas a romper todas las fronteras, a acariciar todas las heridas.

 

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