Sin periferias… en el mundo de las personas mayores

En el recorrido que estamos haciendo en esta sección «Sin Periferias» no podíamos dejar de detenernos en uno de los colectivos que el Papa Francisco etiqueta como uno de los más «descartados» de nuestra sociedad. Nos referimos a las personas mayores. Es cierto que no todas viven esa etapa de la vida en las mismas condiciones ni con las mismas oportunidades, pero en occidente no es raro que un gran grupo pasen los últimos años de sus vidas en medio de grandes carencias de todos los tipos. 

Aprovechamos que los Misioneros Claretianos de Bética gestionan dos residencias de Mayores para acercarnos a la vida de una de las personas mayores que la habitan, concretamente Josefa Villalba, que está en la Residencia Claret de Granada. Nos cuenta su experiencia ayudada por Rocío Rodríguez, Trabajadora Social. En unos días publicaremos otro artículo con indicaciones para contribuir a que las personas mayores… no sean periferias.

Agustín Ndour

 

Josefa Villalba es una granadina de nacimiento, que desde hace un año vive en la Residencia de Mayores CLARET GRANADA; ha querido contarnos su visión de la vida desde la perspectiva de una señora semidependiente que con 92 años aún conserva un buen estado cognitivo.

Josefa nació en el seno de una familia de clase alta. Su padre era Notario y, aunque falleció muy joven, pudo darles una gran calidad de vida a sus hijas y esposa. Josefa vivió su niñez entre las provincias de Málaga y  Granada, afinándose finalmente en una céntrica calle de la capital granadina, cuando su padre consiguió su destino definitivo.

Es una señora muy religiosa que comulga todos los días, por lo que Dios siempre está presente en sus pensamientos. Durante toda la vida ha sentido que le ha ayudado en todoo, si cabe más aún ahora, que es cuando más lo necesita, ya que es mayor y no se vale por sí misma tan bien como lo hacía antes…

También es una señora muy familiar, siendo su mayor orgullo los padres que ha tenido, la educación que le han dado y lo bien que se llevaba con su hermana pequeña, fallecida hace poco y a la que cuidó durante 4 años incansablemente, olvidándose de sí misma -estando ella también para que la cuidaran-, algo que le ha marcado eternamente, ya que la añora muchísimo y por la que llora todas las noches.

Josefa comenta que lo que peor lleva de formar parte de la 3ª edad es la soledad… Echa mucho de menos a sus amigas de toda la vida con las que mantenía una estupenda relación que se ha visto afectada por las limitaciones que la edad trae consigo… Sus amigas no pueden venir a visitarla todo lo que a ella le gustaría, y eso le duele. Le duele mucho, ya que ella siempre ha estado a su lado y ahora… -y ahora que es cuando más las necesita- no las tiene como le gustaría, y ella tampoco está ya para salir y hacer trasbordo de autobuses hasta llegar al barrio donde se reunían…

Si algo ha aprendido en este tiempo es que la vejez te da arrugas y te quita ocio… o al menos éste se ve obligado a cambiar de forma. Desde que era una niña ha sido muy activa, algo que ya no es viable debido a las dos fracturas de cadera, la tensión baja y las cataratas que tiene guardadas en su mochila de enfermedades… Le encantaba nadar en la playa de Motril y esquiar en la maravillosa Sierra Nevada, algo que desde hace años ya no puede hacer, por lo que ha tenido que centrarse en las tardes de lectura en su habitación compartida y conversaciones que divagan entre el pasado y el presente con los demás residentes del centro, ya que no le gusta participar mucho en las actividades del centro…

De alguna forma, al ser mayor se depende física y emocionalmente de otras personas, mermando la propia libertad, esa que te da alas para volar y hacer lo que quieras, cómo y cuando quieras por ti mismo, tal y como ha hecho Josefa hasta hace poco…

Pero si de algo se arrepiente es de no haberse casado. Tuvo varios pretendientes de los cuales el último fue su gran amor. Pero muy a su pesar finalmente la cosa se torció y no pudieron construir una vida juntos… Aún así, a día de hoy siguen manteniendo contacto telefónico. Y es que, ese gran amor, tampoco llegó a casarse nunca.

Sabe que es ley de vida y lo respeta, pero le cuesta reconocer que es mayor y que tiene ciertas limitaciones físicas asociadas a la edad, con las que lucha día tras día para que se mantengan como están y le dejen seguir viviendo pegada a su andador, con el que hace varios descansos mientras que recorre el pasillo que la lleva desde su dormitorio hasta las zonas comunes de la residencia.

Refiere que una de las lecciones que le ha dado la vida es la de ser amable con las personas que la rodean, para darles felicidad y tranquilidad, y que es así como le gustaría ser recordada cuando ya no esté en el mundo de los vivos, como una persona amable y cariñosa habiendo hecho el bien por el mundo.

Josefa Villalba

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