Valeria y Óscar

La instantánea de Óscar y Valeria, el padre y la hija salvadoreños ahogados en Río Bravo, en la frontera entre México y Estados Unidos, ha dado la vuelta al mundo. La misma se ha comparado a la de Aylán, el niño Sirio fallecido en las costas turcas en 2015.
Es difícil no conmoverse ante tragedias así. El mismo Papa Francisco ha manifestado su dolor por lo sucedido. Y, ciertamente, es para partírsenos el corazón.
La imagen por sí misma lo dice todo: una niña de menos de dos años abrazada a su padre quien -parece que, en un intento de evitar que la corriente se la llevara-, la resguardó bajo su camiseta antes del fatal desenlace. Eso es lo que se ve. Pero si uno bucea en todo lo que no se «ve» no deja de ser aún más conmovedor y doloroso: familias que tienen que huir de la miseria. a la desesperada, por buscar un futuro mejor para los suyos; leyes crueles que dificultan cuanto pueden esos sueños; políticos que se lavan las manos o ponen intereses políticos, electoralistas o cualquier otro antes que el sufrimiento de las personas débiles y vulnerables…

Por eso no podemos más que sentir rabia, indignación por esta y tantas otras injusticias por el estilo. Mirar con ojos de fe también es eso: denunciar lo que antenta contra la dignidad de los seres humanos y, por lo tanto, contra los planes de fraternidad y justicia de Dios. Y mirar con ojos de fe es… hacer lo posible para que -como es costumbre- estas historias no caigan en el olvido. ¿Tendremos que esperar otros 3 ó 4 años y que, a raíz de otra instatánea todos volvamos a conmovermos…y a pensar que la cosas no deberían ser así?

No. Tener otra mirada es trabajar ya, ahora, aquí… donde y como cada uno pueda, para que cosas así no vuelvan a repetirse.

Equipo de Redacción

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