Un pequeño mundo

No es la primera, ni será la última película, que nos sumerge en el microcosmos de un colegio con su población infantil y sus primeros pasos de una socialización no siempre fácil. La pequeña Nora (es imposible no quedarse prendado de esta niña, cuya interpretación parece imposible por perfecta y natural) inicia su viaje por la escuela y, desde los primeros días, observa el dolor y la angustia de quienes son sometidos al acoso. Su propio hermano lo sufre en silencio y la pequeña se debate entre la denuncia y la defensa del acosado, a pesar del deseo de éste de permanecer callado y que la situación permanezca desconocida para los adultos. Nora experimentará también el dolor que lleva consigo el crecimiento.

El patio, el comedor, la piscina, los pasillos del colegio conforman el pequeño mundo donde Nora comienza su largo proceso de (auto)conocimiento y relación con los otros. No es fácil el camino. Y sentirá cómo sus buenas intenciones a veces chocan con los intereses de otros (incluso su propio hermano); sentirá la amargura de los comentarios insidiosos; y experimentará también cómo en ocasiones ella misma renuncia a sus incipientes convicciones, tal vez por cansancio o por falta de esperanza en unos resultados satisfactorios.

La realizadora belga Laura Wandel nos ofrece una primera película (muy breve, poco más de setenta minutos más que suficientes para centrar nuestra atención y asistir embelesados a su desarrollo) que fija su mirada en la infancia. La cámara no abandona en ningún momento el centro escolar, y continuamente fija su mirada en la niña situándose a su altura, siguiéndola en planos secuencia, acompañándola en movimientos que nos la acercan y nos acercan a ella en su inquieto acontecer diario. No hay ni un plano general en toda la película, solo planos medios y primeros, tan próximos a lo narrado que es difícil no conmoverse. Este procedimiento formal nos invita a sentir con la niña, a compartir su angustia, a dejar por unos minutos nuestra condición de adultos y acompasar nuestros pasos a la vida diaria de Nora, a agacharnos para observar el mundo y a los adultos desde su pequeña estatura. Un pequeño mundo es un prodigio de delicadeza… Es cierto que el acoso escolar ocupa un lugar notable en la narración, pero no es el centro de la misma, que fija su mirada en la pequeña Nora y en su empeño por convertir el patio de recreo en un lugar más habitable y acogedor. La realizadora belga no deja a la niña sin esperanza. Se lo agradecemos.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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