Asistimos en nuestro tiempo al espectáculo de los llamados influencers: término con el que designamos a quienes desde las distintas redes sociales (youtube, instagram, twitter tiktok y otras) ejercen su poder e influencia sobre sus muchos seguidores. Es un fenómeno sujeto a controversia, cargado de ambigüedad, pero vistos sus resultados parece que de probada eficacia en cuanto a conseguir la atracción de un público deseoso de mitos a los que seguir.

Este mundo de pantallas y admiradores ocupa el centro de una película polaca, Sweat, realizada por un sueco, e interpretada con la atracción de lo real por la actriz Magdalena Kolesnik (Sylwia, una joven que aglutina tras de sí más de seiscientos mil seguidores en su cuenta de Instagram, gracias a sus sesiones de fitness, sus hábitos de vida saludable y sus mensajes siempre positivos que encandilan a quienes están pendientes de todos los videos que sube a su cuenta).

La película ahonda más en esta realidad. La vida de Sylwia parece perfecta, llena de sonrisas y momentos espléndidos, acomodada en una casa de diseño, con su comida precocinada… y un vacío que termina por exponer públicamente sin rubor confesando su soledad.

No entiendo que el realizador Magnus von Horn haya pretendido ofrecer en Sweat una crítica de esos modos de vivir. Todo es más profundo. No hay en esta película asomo de maniqueísmo, como si todo fuera malo en ese mundo de oropel y fachada. El deseo de sentirse querida que experimenta Sylwia podría ser compatible con su vida perfecta y su sonrisa constante.

La presencia de un acosador introduce en su ordenada existencia un elemento disruptivo que la hace ser consciente de su debilidad; una conversación casi casual con una amiga embarazada la pone ante sí misma descubriéndose prescindible y muy ajena a tantos que la encumbran cada día: reconoce ser consciente de que vale lo que el click de un admirador; sin ese gesto su vida se acabaría. Esa conciencia de su fragilidad la lleva a acercarse a su madre (que no termina de entender muy bien el estilo de vida de su hija) con la que mantiene una relación distante; finalmente, en una dura secuencia parece llegar al fondo de sí misma cuando se encuentra con su acosador en una circunstancia que ha provocado ella y que la ayudará a descubrirse tan débil y llena de fragilidad como él.

Es Sweat una película de ritmo adecuado, con un oportuno sentido de la elipsis, y como dije antes, se mantiene en una exquisita objetividad, excluyendo toda visión simplista de la realidad que retrata. La interpretación de su joven protagonista subraya ese tono de ambigüedad o ambivalencia que se constituye en seña de su identidad. Esto hace de Sweat una propuesta interesante que recomiendo.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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