¿Se puede ser optimista en una pandemia?

Hace unos meses se declaró la “limitación restrictiva de la movilidad nocturna” por parte del Gobierno español. Fue consecuencia de las noticias negativas que nos llegaban cada día. Los acontecimientos de este 2020 están siendo extraordinariamente difíciles. Lo normal es sentirse pesimista. Lo demuestra cómo se disparan los casos de ansiedad entre la población. ¿Es honesto que hablemos de optimismo en estas circunstancias?

Para respondernos a esta cuestión, tal vez tengamos que explorar antes qué es eso del optimismo. Escritores y pensadores de siglos pasados tenían una visión muy negativa del mismo, ya que lo asociaban a la ignorancia y la ingenuidad. Fue solo a partir del siglo pasado cuando empieza a estudiarse de un modo más científico. Coincide con un enfoque de la medicina orientado hacia la calidad de vida. Ya no se trata sólo de curar enfermedades sino de mejorar y prolongar la vida.

Ante ello, ser optimista no es sinónimo de ignorar lo que está sucediendo, sino de centrarnos en la búsqueda de esa calidad y no enredarnos con pensamientos circulares que asfixian. Esa es la ocasión de comprobar cómo los contratiempos aportan enseñanzas para una vida más plena. ¿Cómo desarrollar este sentido optimista? El doctor Rojas Marcos, experto en psiquiatría, esboza algunos rasgos beneficiosos del optimismo que ajustan con la fe.

  • El primero consiste en vincular optimismo con esperanza, que es una luz en la adversidad. No son términos sinónimos, pero van emparejados. Ambos ayudan a intuir lo visible de lo invisible, y nos preparan para lo imprevisible: ”La salud está naciendo en el fondo de la herida” rezamos los cristianos por Pascua.
  • El segundo, es tomar conciencia de lo que podemos hacer en esta pandemia. Eso depende de cada uno. El centro de control lo tenemos dentro nosotros. Podemos llegar a decirnos: “yo soy capaz de hacer algo para salir de esta situación y ayudar a otros”, en vez de fiarlo todo al azar, depender de otros o esperar pasivamente milagros del cielo.
  • El rasgo tercero nos orienta a verificar cómo nos explicamos las consecuencias de la pandemia. El cerebro humano no funciona sin explicaciones. Todos desarrollamos nuestra hermenéutica peculiar. El dolor no es nunca un problema fisiológico, es existencial también. Ser optimista lleva a ver lo bueno que acontece en lo malo. Sin autoengaños.
  • El último ingrediente del optimismo nos invita a desarrollar una memoria biográfica positiva. Repasar los buenos recuerdos vividos es una gran ayuda a la hora de enfrentarnos a las fatalidades de la pandemia. El Señor siempre es bueno con nosotros. ¡Cómo nos sirve reconocer que nuestra historia es, a pesar de los pesares, historia de salvación como tozudamente remacha la Biblia!

Juan Carlos Martos cmf

(FOTO: Alexas_Fotos)

 

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