En estos días previos a la Semana Santa resuenan con fuerza unas palabras de Jesús: “El que quiera conservar la vida, la perderá y el que la pierda por mi, la conservará” (Mt 10,39). Fue la lógica de su vida. Es una ley absurda en economía, donde impera el ganar, pero es decisiva en espiritualidad, donde “dar” es lo único que en verdad nos enriquece. Lo subraya otra vez la metáfora joánica del grano de trigo que solo si muere produce mucho fruto (Jn 12,24). Esa lección va en línea totalmente opuesta al imperativo contemporáneo de la posesión, de la defensa intransigente de la propiedad, del tener sobre el ser.

Esto nos produce escalofríos. Posiblemente seamos muchos quienes nos sintamos incapaces de desprendimientos “exagerados”. Pero sí que somos capaces de otros desasimientos más a nuestro alcance que nos aportan beneficios milagrosos. Una realidad que nos conviene soltar cuanto antes son nuestras obsesiones. Vivimos muy tensos, aferrados a cosas, a roles y a personas. Esto nos desgasta terriblemente. Estamos faltos de una confianza básica. Al tratar de asegurarlo todo consumimos lo mejor de nuestra energía y la vida se nos escapa entre las manos. Nos agobian las prisas, las antipatías, la autoimagen, las manías irracionales, las dudas, las fobias, los miedos, los problemas de salud, los horarios, el perfeccionismo, las culpas insistentes,… ¡y cuántas otras cosas más!

Muchos las padecemos o conocemos a otros que las sufren. ¿Cómo ayudarles? ¿Cómo ayudarnos? Un pensamiento de A. Vergote, especialista en psicología y en espiritualidad, me sorprendió por la claridad y brevedad con la que explica cómo vencer las obsesiones. Lo comparto aquí por si sirve:

Dios y la oración pueden ayudar y de hecho lo hacen. Pero los problemas de obsesión son principalmente problemas de exceso de concentración… y el exceso de concentración solo se rompe cuando salimos de nosotros mismos, de nuestra propia mente y de nuestra interioridad. Involúcrate en eventos públicos, entretenimientos, vida social, actividades… ¡Sal de tu mundo cerrado!

Es una terapia basada exclusivamente en el saber perder. Soltar es confiar en que cada momento vendrá lo que tiene que venir y que lo sabremos recibir. Si nos implicamos en tareas altruistas, en servicios gratuitos, en obras de misericordia, en labores domésticas, en lecturas o películas valiosas… venciendo esa espiral que nos enreda en nuestras ofuscaciones, llegaremos a sentirnos emocionalmente mejor, más estables, menos esclavos de nuestras propias “neuras”. En cambio, atrapados en nuestras fijaciones, lo que adviene –aunque sea bueno- se convierte en prisión. Y si regularmente nos desprendemos de esas tendencias inútiles, hasta hacer del saber perder un estilo de vida, no solo va a nutrir nuestra vida espiritual, sino que nos mantendrá sanos, serenos y mejores.

 

Juan Carlos cmf

(FOTO: yanalya)

 

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