Poner en valor la agenda 2030

Empezamos un nuevo curso, con nuevas ilusiones y nuevos proyectos, sin perder de vista que desde marzo de 2020, una pandemia nos recordó que nada de lo que ocurre en un lugar queda aislado de lo que ocurre en otro. En este mismo año 2021, las consecuencias de la crisis sanitaria se han hecho más visibles y las desigualdades alrededor del mundo se han acentuado. En Canarias, la paralización parcial del turismo y de todos los sectores económicos que dependen directa o indirectamente de él han llevado a la pobreza a miles de familias. Nuestra comunidad autónoma ostenta una tasa de pobreza superior al 30%, lo que la coloca en la cola de España.  En los países del Sur Global, la ausencia de unas políticas públicas garantistas y la dependencia que ya venían teniendo del exterior han dificultado aún más las condiciones de vida de los grupos sociales más empobrecidos.

Junto a la pandemia, Canarias ha sido testigo de otra crisis humanitaria: la provocada por la llegada de cientos de miles de personas del continente vecino en busca de las oportunidades que no encuentran en su lugar de origen. En estos dos últimos años la ruta canaria o atlántica se ha convertido en la principal vía de llegada irregular a Europa. Este 2021, lejos de que la situación amaine, se espera que la cifra de llegadas siga aumentando.

Las consecuencias humanitarias derivadas del repunte migratorio son incontables y no se reducen en absoluto a las Islas Canarias. Lesbos, Samos, Lampedusa, Ceuta o Melilla son otros ejemplos de territorios periféricos que han evidenciado el fracaso de la política migratoria europea. El hacinamiento, la mala alimentación, la falta de asistencia médica y jurídica o la prohibición de continuar su viaje son solo algunas de las vulneraciones de derechos a las que se enfrentan las personas en tránsito.

Aunque las causas de la migración son múltiples, encontramos un denominador común: la desigualdad en todas sus formas. Las migraciones son solo una de las tantas consecuencias de una desigualdad que no entiende de fronteras y que atraviesa a cualquier sociedad. En Canarias, situada en la periferia de Europa, la desigualdad más evidente es la de recursos económicos y oportunidades; una brecha que cada vez se hace más grande y se ha visto empeorada a causa de la pandemia. En otros territorios del Sur Global, a la desigualdad económica se le suman otros factores transversales como puede ser la disparidad de género, los conflictos, la crisis climática o la brecha entre el mundo urbano y rural. Ninguno de estos fenómenos es exclusivo de los países del Sur, pero sí son ellos los que están sufriendo las peores consecuencias, en gran parte, debido a un modelo económico inhumano que coloca a las poblaciones del Sur Global al servicio de los intereses del Norte. Es por todo ello que nuestro territorio, que es Sur de Europa y Norte de África, ha de servir como puente y no como muro para los que buscan una vida mejor.

La desigualdad y la pobreza que azotan al archipiélago son fenómenos compartidos con otros territorios y, como tal, han de ser abordados conjuntamente. Es por ello que, en este momento, cabe poner en valor la Agenda 2030 para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ahora más que nunca es preciso promover un desarrollo que no deje a nadie atrás. Erradicar la pobreza tiene que ser uno de nuestros principales objetivos, pero no el único, puesto que de nada sirve sin el respeto a los derechos humanos, la abolición de la desigualdad de género, la eliminación de los conflictos o el acceso a un medioambiente limpio.

 

José Antonio Benítez Pineda, cmf

 

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