Paciencia, de la buena

Lo palpo casi a diario en mi trato con personas que sufren y que suspiran por liberarse de su dolor en seguida, de golpe, en un santiamén. Exponen su situación de una forma mínima y esperan que les dé automáticamente una receta mágica.

Aunque no lo confiesan claramente, dan por supuesto que existe siempre un atajo, una varita mágica, un talismán milagroso que remediará fulminantemente sus problemas personales o los de sus seres más queridos.

Y, claro, como eso es imposible, se cargan con otro nuevo problema: el dilema dolorosísimo de creer que no hacen todo lo que deben, que ellos son los únicos culpables de su sufrimiento por negligentes e irresponsables.

En consecuencia, aumentan sus sentimientos de autodesprecio, de descontento de sí mismos y de envidia hacia los demás, de insatisfacción, de culpabilidad, de dudas… en fin, que su fiebre por mejorarse rápido no hace otra cosa que agudizar exponencialmente su propio dolor.

¿Qué decirles a esas personas, buenas de veras, sinceras, honradas, pero al mismo tiempo traspasadas de sentimientos de indignidad, soledad, derrotismo, desilusión y tristeza? ¿Se les puede ayudar en algo? He aquí algunas orientaciones, exclusivamente religiosas:

  • Empieza por hacer algo; solo algo, nunca todo, nunca de una vez… Algo como puede ser orar al Señor… hablar con una persona de confianza… leer detenidamente un libro… algo, que haciéndote sentir bien en esa área, te haga tener fe en ti misma y amarte tal como eres. Y no corras, porque las prisas compulsivas no hacen más que agravar el mal.
  • Acéptate tal como eres. Como has sido en el pasado… con tus torpezas, autoengaños, ingenuidad… Y acepta también tu presente. Así eres amada por Dios. Y estás llamada a hacer de tu vida una vida “según Dios”, en la paz que produce la sana conformidad.
  • Créete que nunca estàs sola, aunque lo parezca. Mucha gente que te quiere, sin decírtelo, te acompaña. Y te acompaña Dios, que, dentro de ti, sostiene tu dignidad y te da fuerzas.

Estas sencillas sugerencias son la esencia de la auténtica paciencia muy distante de la resignación. La paciencia es la más heroica de las virtudes, precisamente porque carece de toda apariencia de heroísmo.

 

Juan Carlos cmf

(FOTO: Immo Wegmann)

 

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