La vida era eso

La pregunta por la vida y su sentido ha sido y es objeto de interés de muchos que se interrogan intentando encontrar respuestas satisfactorias. También está llena de preguntas la mente de María, la protagonista de La vida era eso, una mujer madura que lleva viviendo muchos años en Bélgica y que coincide en la misma habitación del servicio de cardiología de un hospital con Verónica, una joven que, como hizo ella muchos años atrás, ha abandonado España en busca de mejores oportunidades. Ambas tienen el corazón cansado y en el caso de María el encuentro con Verónica le va haciendo caer en la cuenta de la vida insatisfecha que lleva viviendo junto a un marido que parece vivir rendido. El caso es que la convivencia con la joven va despertando en María sentimientos que yacían dormidos, no vividos después de tantos años.

Diversas circunstancias la llevan a emprender un largo viaje al sur de España, donde el viento poniente parece el dueño de un pueblo pequeño (apenas unas pocas casas), para cumplir un deseo que nadie le ha impuesto, salvo una conciencia que está despertando de la rutina y la monotonía en la que lleva viviendo mucho tiempo. El viaje que emprende María es geográfico (son muchas horas en autobús que pasan en un suspiro gracias a las oportunas elipsis que van puntuando el relato), pero también, y sobre todo, es interior, porque esos pocos días vividos en Almería le permiten conocer otro paisaje humano diferente al acostumbrado y comprender que la vida es más de lo que ha vivido hasta entonces.

David Martín de los Santos ha escrito y realizado una película en la que priman los silencios; sus personajes expresan con muy pocas palabras lo que sienten. La vida era eso subraya el valor de la mirada, de gestos que expresan con pocos medios el sentimiento interno que bulle en el interior de los personajes. Por otro lado, va a lo esencial, eliminando escenas de transición que aportan poco. Lo que importa no es el viaje en sí, sino el llegar y permanecer en ese lugar desconocido, inhóspito, azotado por el viento, donde María va desgranando respuestas y despertándose a un sentir nuevo que la hace distinta. Cuando María regresa a su casa, junto a su familia, no es la misma que había partido. Su marido, sus hijos intuyen algo; en María pervive el buen ánimo y el espíritu nuevo de aquella joven que la hizo comprender que la vida era más, no solo la monotonía de los días vividos.

La fuerza de una película de las características de La vida era eso descansa en la actuación de sus protagonistas. Así, Petra Martínez, actriz veterana, y Anna Castillo, joven, aunque ya curtida en la interpretación, ofrecen dos composiciones que transmiten, sin grandes alardes, con la sencillez de lo cotidiano el discurrir de la existencia de las dos mujeres a las que dan vida.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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