La última “peli” del Papa

En 2015, el Papa Francisco escribió Laudato Si’, una encíclica sobre la crisis ambiental dirigida a todas las personas del mundo. Siete años después acaba de ver la luz el documental del papa (“La Carta”) ampliamente difundido de forma gratuita. Cuatro voces desde Senegal, Amazonía, India y Hawái, no todas ellas de católico y desapercibidas en los medios, viajan a Roma para entablar un diálogo sin precedentes con el Papa sobre la encíclica.  El film está repleto de conmovedoras y poderosas historias personales y ofrece la información más reciente sobre la crisis ambiental y el daño que esta causa en la naturaleza y en la gente. Aparecen además aspectos de la historia personal del Papa nunca vistos desde que se convirtió en el obispo de Roma.

La película está obteniendo un clamoroso éxito. Pero, me temo que para muchos de nosotros, pueda quedarse en un asunto abstracto y lejano. Tras ver el film ¿llegaremos a sentir solo una simpatía genérica y aséptica por la situación de la humanidad? ¿Será lo suficientemente “agresiva” como para quitarnos el sueño, inquietar nuestra conciencia o llevarnos a sacrificar parte de nuestra comodidad y seguridad para hacer algo o presionar a nuestros gobiernos para que actúen? De hecho, con demasiada frecuencia somos excesivamente protectores de la vida cómoda que llevamos en nuestras zonas de confort. Hemos trabajado duro –nos decimos- para conseguir lo que tenemos. ¡Es injusto que tengamos que ser nosotros quienes lidiemos con estos asuntos! ¡Que lo hagan los políticos y que nos dejen en paz!

Hay que reconocer que la cuestión ecológica no es sencilla. La protección del medio ambiente es extremadamente compleja. Sin embargo, como hombres y mujeres que compartimos una humanidad y un planeta común ¿podemos seguir siendo insensibles a esta situación? Además, como cristianos, ¿aceptamos de veras ese principio fundamental y no negociable de que el mundo pertenece a todos por igual y que todos hemos de cuidarlo? ¿Podemos sostener, explícita o implícitamente, que no tenemos por qué asumir las cuestiones medioambientales que están maltratando duramente sobre todo a los más vulnerables? Defender una actitud neutralista es anticristiano y va en contra de las claras enseñanzas de la Iglesia y, por supuesto, de Cristo.

En la parábola de Jesús sobre el rico epulón y del pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) Jesús concluye señalando la «brecha insalvable» entre ambos. Hemos asumido de forma simplista que esta brecha insalvable separa el cielo del infierno, pero ese no es exactamente el punto de la parábola. La brecha insalvable es la brecha que ya existe ahora entre los ricos y los pobres, y la lección es que es urgente intentar salvar esa grieta desde ahora, en esta vida. Y uno de los cauces es cuidar y hacer cuidar de nuestra casa común.

Jesús no dice que el rico fuera un mal hombre, o que no se hubiera ganado sus riquezas honestamente, o que no fuera un ciudadano honrado, o infiel a su mujer, o un mal padre para sus hijos. Sólo dice que tenía un defecto, uno mortal: dentro de su riqueza no se percató de un hombre hambriento sentado en las puertas de su casa. Que la última película del Papa nos espolee para mirar con ojos nuevos lo que está pasando y nos ponga en movimiento.

 

Juan Carlos cmf

(FOTO: Vatican News)

 

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