LA SALUD MENTAL EN EL PROCESO MIGRATORIO (2ª Parte)

En nuestro país también se ha divisado un profundo nivel de ansiedad y depresión entre los inmigrantes, principalmente los que provienen del Norte de África contrastados con los inmigrantes latinos, probablemente afín con las diferencias culturales, lingüísticas y religiosas y a las dificultades para establecer vínculos personales fuera de su grupo.

En un estudio elaborado en el País Vasco con el objeto de precisar la realidad social y profesional de los inmigrantes, se analizaron las carencias, los propósitos, las esperanzas, los problemas de integración y el impacto psicosocial de un centenar de inmigrantes. Los resultados indican que más de 50% de las personas consultadas presentan más de dos síntomas de ansiedad. La representación de este tipo de síntomas podría estar fundamentada en que las personas que han soportado sintomatología ansiosa y depresiva creen que han vivido un mayor número de problemas que aquellos que no presentan más síntomas. También los resultados indican que existe un perceptivo detrimento del estatus profesional con respecto al que se disponía en el país de origen. Dicho detrimento, unido a habilidades de resistencia poco eficaces, lleva consigo la aparición de síntomas clínicos de ansiedad y depresión.

El profesor Achotegui en colaboración con otros expertos elaboraron un análisis para comprobar la prevalencia del Síndrome de Ulises en los inmigrantes que reclaman asistencia sanitaria y conocer sus características sociodemográficas, trasfondo cultural y familiar. Los resultado(s de la investigación para detectar el Síndrome de Ulises fueron del 17% largo en hombres y un poco más de un 15% en mujeres, sin hallar diferencias significativas de sexo. La procedencia de la muestra fundamentalmente era subsahariana; la mayoría de los inmigrantes que sufren el Síndrome de Ulises han contraído matrimonio, llevan poco tiempo en nuestro país y un número significativo de ellos no tienen residencia. Los que no mostraron ningún síntoma del Síndrome no estaban casados, llevaban largos años residiendo en España y con vivienda de alquiler.

En último término, el provecho por el efecto del proceso migratorio en la salud mental de la población inmigrante ha generado muchas investigaciones desde diferentes enfoques y distintos ámbitos, estudios de comparación entre inmigrantes y nativos, entre inmigrantes y no inmigrantes del mismo país y entre diferentes colectivos migratorios. Los resultados son contrapuestos, unos corroboran una mayor prevalencia de síntomas depresivos en la población inmigrante, otros ratifican que la salud de las personas inmigrantes es igual e incluso mejor a la de los autóctonos o las personas que no han emigrado y residen en su país de origen. Estas diferencias en los resultados de los estudios nos sugieren que no pueden sacarse soluciones fáciles de los resultados de la correspondencia de la inmigración en la salud mental sin valorar el contenido social de cada proceso y los distintos prototipos del proyecto migratorio. Por otra parte, la investigación de estudios realizados en nuestro contexto nacional descubre un número nada despreciable de síntomas depresivos y ansiosos entre los inmigrantes con menor estatus socioeconómico y en situación fundamentada, datos que cabe considerar en un contexto global marcado por una crisis económica que afecta toda la población, pero aún más a los inmigrantes.

 

José Antonio Benítez Pineda, cmf

(FOTO: Defensoría del Pueblo)

 

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