Viene siendo una constante del reciente cine español la presencia de mujeres que ofrecen sus primeras realizaciones y logran el aplauso de la crítica. Pilar Palomero es una de ellas. Ya ganó hace dos años el primer premio en la gala de los Goya con Las niñas, su primera película. En esta ocasión, vuelve a acercarse al universo femenino con La maternal, que casi podría considerarse una secuela de la anterior. Ahora las niñas han crecido, no mucho la verdad, siguen siendo adolescentes, pero una circunstancia especial se añade a sus biografías: son madres jóvenes que han de lidiar con una realidad para la que no terminan de estar preparadas.

‘La maternal’ es el nombre del centro de acogida al que llega Carla, la protagonista. Es una niña de catorce años que ha quedado embarazada de su compañero de juegos, travesuras, escapadas del centro donde estudian… Ha vivido en una suerte de estado de inconsciencia e irresponsabilidad. Su madre también fue una casi niña que tuvo que afrontar la maternidad antes de estar preparada para ello. Esta película ha coincidido en la cartelera con El agua (también dirigida por una mujer) que igualmente es protagonizada por una adolescente, hija de una madre tan adolescente como ella. En este caso, la situación planteada es distinta, rayando en una ficción cercana a cierto realismo mágico. No sucede así en La maternal, donde la historia nos acerca a las experiencias de esas casi niñas, que han de asumir en sus vidas una realidad difícil, fruto de exclusión, abusos y precariedad.

Pilar Palomero se muestra cercana y empática con las circunstancias que viven esas jóvenes madres. Con ellas, nos invita a compartir sus dudas, miedos, dificultades para hacer frente a una realidad que les ha llegado demasiado pronto. No están solas. En el centro de acogida encuentran cobijo, nadie las juzga, las ayudan a asumir sus responsabilidades, también a pesar de sí mismas (no dejan en todo caso de ser adolescentes). La relación de esas niñas con sus hijos es presentada con ternura, también con la presión de quien no sabe a menudo cómo hacer frente a las necesidades de los pequeños, conduciéndolas también a ellas a una tensión que no excluye el riesgo de huir, volver a ser quienes eran, niñas sin responsabilidades ni obligaciones. Pero no es posible. Siempre vuelve la vida que han parido a recordarles que sus vidas ya no serán las que eran y al menos durante una temporada no habrá noches tranquilas ni tardes de ocio que no tengan final.

Carla Quiles encarna a la protagonista con una convicción que la hizo merecedora del premio de interpretación en el festival de San Sebastián. Se revela como una consumada intérprete que sabe trasladar al espectador la angustia y la inconsciencia, la pena y la ternura, de esta niña, aún no mujer, que llora y ríe y echa cara a la vida ascendiendo las cuestas arriba que se le presentan.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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