La isla de Bergman

Desde su título, La isla de Bergman nos remite al realizador sueco, uno de los grandes de la historia del cine. Toda la acción de la historia que se nos cuenta sucede en la isla de Färo, situada a 80 millas de la costa escandinava, donde Ingmar Bergman encontró refugio en los años sesenta y filmó algunas de sus películas más señaladas. Hoy, a juzgar por lo que vemos, la isla ha sido convertida en una especie de santuario dedicado al recuerdo y el estudio del celebrado director. Es evidente que un conocimiento previo de algunas claves de la obra de Bergman, a la que se hace referencia de diversos modos en muchos momentos de la película, ayudará a empatizar más con la propuesta de la realizadora francesa Mia Hansen-Løve, aunque tampoco es que sea imprescindible.

A la isla de Bergman llegan, junto a una constante fauna de cineastas y admiradores, una pareja estadounidense. Él es realizador de cine y ella guionista. Lo hacen porque esperan encontrar un ambiente propicio que les ayude a poner en marcha nuevos proyectos creativos. Como si la presencia del espectro de Bergman les ayudara a idear una nueva historia. Además él, Tony (interpretado por Tim Roth), es objeto de un homenaje con la proyección de una de sus obras en la misma sala que Bergman había habilitado para proyectarse películas. Es felicitado y parece disfrutar de la admiración ajena.

Pero la película parece poner más el foco en ella, Chris, que se encuentra en una fase de cierta sequedad creativa. Deambula por distintos lugares de la isla, visita espacios que han conservado el recuerdo del cineasta sueco y se empeña en poner sobre el papel una historia (protagonizada también por una pareja que llega a la isla para una boda) que se enhebra con la historia real, de modo que terminamos asistiendo a una sesión de cine (la historia ideada por Chris) que se yuxtapone a la historia de Mia Hansen- Løve… No es que sea una fórmula demasiado original que no hayamos visto en muchas ocasiones.

Así las dos historias, la ‘real’ y la ‘inventada’ se van superponiendo de una forma algo aleatoria, sin que entren en colisión, salvo en las últimas secuencias de la película. La frialdad de la primera contrasta con la emoción de la segunda. Tony y Chris se mueven constantemente en una actitud de corrección y buenos modales, a la que le falta sentimiento y pasión. Sin embargo, la pareja protagonista de la historia ideada por Chris se mueve en un arco de sentimientos que hacen que resulte más interesante.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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