La hija oscura

La maternidad parece ser una de esas realidad o sentimientos indiscutibles. La mayoría de las hembras de los seres vivos adoptan ante sus crías una actitud de protección y cuidado que garantiza su supervivencia. También sucede en el caso del ser humano que, como sabemos, nace en la mayor indefensión y, por tanto, necesita cuidados y atenciones imprescindibles para vivir. Estos cuidados han sido tradicionalmente responsabilidad de las madres que le dieron a luz, aunque los cambios de mentalidad de los tiempos presentes han otorgado a los varones un papel también importante y legítimo en este necesario proceso de crianza de los hijos. Pero volvamos a la maternidad como sentimiento radical y casi de obligado cumplimiento. ¿Siempre es así? La hija oscura, película que comento esta semana, suscita dudas y deja el terreno abierto a la ambigüedad.

La película se mueve en dos tiempos: el presente sucede en una isla griega a donde ha ido Leda (una mujer madura, 48 años) a pasar unos días de vacaciones, que le permitan alejarse del trajín de su trabajo en la universidad donde es profesora de literatura comparada. La tranquilidad buscada se ve frenada con la llegada de una ruidosa familia, en la que Leda fija la mirada en una joven madre, Nina, y su hija pequeña. El modo cómo Nina actúa con su hija, trae a la memoria de Leda los recuerdos de su vida de joven madre cuando sus dos hijas eran pequeñas y particularmente recuerda la relación tensa con su hija mayor a punto de estallar con frecuencia por los caprichos y berrinches de la pequeña.

Leda continúa sus vacaciones, pero se ve inmersa en una situación que le resulta incómoda. Tras un primer encuentro algo brusco con la familia recién llegada, intenta retomar sus rutinas, sus lecturas, sus baños de sol, sus conversaciones con el joven que atiende el bar del establecimiento playero, y con el encargado de mantenimiento del apartamento en el que está alojada. Diversos acontecimientos la hacen profundizar en su pasado, en las heridas no cicatrizadas del todo, en su maternidad no plenamente satisfecha. Los hechos del pasado ayudan a explicarse la desazón que Leda vive en su presente y algunas decisiones incomprensibles que adopta.

La interpretación de Olivia Colman centra la película y prácticamente toda la trama gira en torno a su punto de vista. También es destacable la interpretación de la actriz Jessie Buckley (Leda joven), con su mezcla de buena voluntad al atender a sus hijas, pero al mismo tiempo su cansancio y deseos de retomar con garantías una vida profesional que apenas puede atender debidamente.

La hija oscura ha sido el primer trabajo en cine de la actriz Maggie Gyllenhal, que nos ha ofrecido en el pasado papeles poco convencionales (la serie The Deuce) que denotan un estilo personal conscientemente ubicado en un estado marginal de lo políticamente correcto.

Basada en una novela de Elena Ferrante, autor(a) de difícil clasificación, que ya nos deleitó con la tetralogía Dos amigas (convertida en serie de televisión por HBO), La hija oscura subvierte algunos de los lugares comunes habituales en nuestro contexto, aunque no lleva hasta el final el riesgo que parecía intuir en sus planos iniciales.

 

Antonio Venceslá Toro, cmf

 

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