Jerónimo: proteger a los débiles

SAN JERÓNIMO EMILIANI. 8 de febrero
Desde 1928 han pasado ya noventa años y, dada la velocidad en que vivimos y nos movemos en 2018, esos noventa años se quedan pero que muy atrás y justifican que pocos recuerden la figura y la influencia de San Jerónimo Emiliani. Y, sin embargo, en 1928 el entonces papa, Pío XI, lo proclamó patrono de los huérfanos y de la infancia abandonada. Un «influencer» oficial y de gran alcance.
En 1528, cuatrocientos años atrás (490 contando hasta nuestros días) una terrible epidemia de peste asoló el norte de Italia y buena parte de la Europa Central. Consecuencias inmediatas de aquella durísima peste fueron, por una parte, los innumerables niños que quedaron huérfanos y, por otra, la tremenda pobreza que cayó sobre aquellas tierras, al no haber quien las cultivara. En los niños huérfanos y pobres se unieron las dos consecuencias.
Jerónimo Emiliani era un apuesto joven militar, caballero perteneciente a una noble familia veneciana. La figura y personalidad, podríamos decir, menos propensa a sentirse interpelada por aquellas situaciones. Y, sin embargo, en ese terreno actuó la gracia y se hizo oír claramente la Palabra de Dios en un tiempo en que fue hecho prisionero de guerra.
Una vez liberado, Jerónimo vendió todo lo que tenía, siguiendo la indicación de Jesús al joven rico y se dedicó de lleno al cuidado de los niños huérfanos y pobres y de la juventud abandonada. Como pasa siempre con las grandes figuras, su entusiasmo fue contagioso y arrastró a otros jóvenes cristianos a la fundación, en Somasca, de una congregación dedicada a ellos. Los Padres «Somasqueños», en razón de su lugar de origen. Se contagió y murió atendiendo a enfermos de cólera.
La Junta de Andalucía tiene actualmente a su cargo cientos de «menas» (menores inmigrantes no acompañados), el número de «huérfanos modernos» es difícil de calcular lo mismo que el de jóvenes abandonados. A todos ellos hay que encomendarlos a su santo patrono para que en tiempo de escasez de dimensiones del espíritu no se apague en sus vidas el atisbo de un Dios «Abbá» y de un Cristo redentor. Ni de una Virgen Madre.

Y tú, ¿hasta qué punto haces por proteger a los más débiles de la sociedad?
Carlos Díaz Muñiz, cmf

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