El comentario del Domingo: XVII del Tiempo Ordinario

29 de julio de 2018. Jn 6, 1-15

En este domingo la Palabra de Dios nos recuerda el signo de la multiplicación de los panes y los peces. Este episodio es recogido por los cuatro evangelistas, lo que nos da una idea de lo importante que fue en las primeras comunidades cristianas. San Juan no lo llama “milagro”, sino “signo”, con lo que nos está invitando a descubrir desde la fe un sentido más profundo.
Es Jesús quién toma la iniciativa ante una multitud fiel y con necesidades. Era cerca de la fiesta de la Pascua. Un muchacho desconocido aporta unos panes y unos peces. Es un día de primavera, junto al lago, sentados en la hierba y comparten una comida “gratuita”, una comida sencilla, de pescadores. Una comida fraterna servida por Jesús gracias al gesto generoso de un joven. Eran muchos, pero comieron todos hasta saciarse, y hasta sobró. Milagro.
El recuerdo de este signo se convirtió para los primeros cristianos en el símbolo de una comida nacida de Jesús y que dará origen a una nueva humanidad fraterna y solidaria. Era también recuerdo de la Eucaristía que celebraban el día del Señor, el Pan Vivo venido del cielo. Era el mismo Jesús quién se daba en alimento.
En la Eucaristía que celebramos, ¿cuáles son nuestros deseos para con todos los que participan de la misma fe?¿Qué puedo yo aportar?¿Justicia, paz, acompañamiento, solidaridad, amor…? Que en nuestra Eucaristía apreciemos más el don de Cristo, que se nos da como Palabra y como Pan de Vida, y que sea una llamada a nuestra propia entrega.

Juan Ramón Gómez, cmf

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