El comentario del Domingo: Pentecostés

04 de Junio de 2017. Jn 20, 19-23. Domingo de Pentecostés

Todos nos hemos hecho una imagen de Dios. Lo imaginamos con unas características determinadas: Señor mayor, sereno y majestuoso, con barbas blancas, transmitiendo paz y bondad…
Más fácil es hacernos una imagen de su Hijo, pues tomó un cuerpo como el nuestro en Jesús de Nazaret, el que pasó haciendo el bien, que nos dijo que su Padre era todo amor y misericordia, que murió clavado en una cruz y que resucitó y se apareció en distintas ocasiones a sus amigos y a los que confiaban en El. Joven, de unos treinta, y al que cada uno le pone la cara que más le gusta.
¿Y al Espíritu Santo?¿Es para mí sólo como una paloma blanca que aparece en algunos momentos de la vida de Jesús?¿Qué se de El?
Es el amor de Dios que actúa en María y la hace Madre. Que impulsa a Jesús a entregarse hasta el final y que después lo resucita de la muerte. Es la fuerza que Jesús da a sus amigos para que sean los continuadores de su obra en esta vida. Es el impulso interior que nos hace orar a Dios, buscar el bien y la paz, y amar a los demás. Es quién nos pone en alerta cuando nos acecha el espíritu del mal.
Lo recibimos en los sacramentos. Lo celebramos en esta solemnidad de Pentecostés y lo recordamos con las palabras de san Lucas.
Que este Espíritu nos fortalezca y nos conceda sus dones para ser verdaderos testigos del Resucitado. ¡Feliz Pascua de Pentecostés!

Juan Ramón Gómez, cmf

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