Debajo de la cal

En Holanda se cuenta una historia, que quizás tenga más de mito que de verdad, y que dice así:

Había una vez una vieja iglesia. Durante muchos años, al entrar en ella, todos se detenían y hacían una reverencia en dirección a una pared encalada. Nadie sabía exactamente por qué se hacía así, pero llevaban tantos haciéndolo, que tampoco lo cuestionaban.

Un día, el párroco decidió renovar la iglesia. Entre otras cosas, mandó quitar la pintura y el encalado de las viejas paredes. Mientras lo hacían, descubrieron los rastros de una pintura en el fondo de la pared ante la cual la gente hacia su reverencia. Cuidadosamente quitaron la pintura para no dañar lo que había debajo. Poco a poco, apareció una hermosa imagen de Cristo de varios siglos de antigüedad. Nadie era bastante anciano como para haberla visto antes. Había permanecido al menos un siglo oculta por la cal. Sin embargo, todos se habían reclinado ante ella, sin saber por qué, pero sintiendo que había una buena razón para la reverencia”.

En esta historia encontramos una lección para la fiesta de los Reyes Magos. Nuestra cultura festeja esta fiesta con desmedida exuberancia tal vez por lo que tiene de comercial. Es posible que muchos sean post-cristianos en sus creencias, actitudes, éticas y políticas, pero siguen celebrando la fiesta. Tal vez no haya mucha fe, pero sí una expresión arraigada de una tradición. Pero, como se cuenta en Holanda, es mejor que no inclinarse hacia una pared. Hay algo debajo de esta costumbre popular y desbocada.

Nuestra tarea no es demonizar nada, sino ayudar a quitar la cal de la pared, restaurar la pintura que hay debajo de ella y contar la historia de quién la pintó y por qué. La mejor manera de celebrar el día de Reyes, sin criticar cómo hacen los demás, es vivir mejor el misterio que representa: Descubrir estrellas en nuestras oscuridades, ponernos en marcha, preguntar dónde está Jesús y al encontrarlo en el regazo de María quedar estupefactos como Tomás (“Señor mío y Dios mío…”) y ofrecerle lo mejor de nosotros mismos como Zaqueo (“Mira, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres…”). ¡Que nuestro gozo exceda el del mundo comercial!

 

Juan Carlos cmf

(FOTO: Inbal Malca)

 

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