Antonio Abad. Santidad contagiosa.

Entre los santos de esta semana me fijaré especialmente en SAN ANTÓN (†356) (17 de Enero). Ese es mi nombre, heredado de mi padre. Nos quedamos huérfanos, pero no de Dios. Y si falta el padre, que no falle la madre o alguien que haga sus veces. Eso mismo nos cuenta de San Antonio otro santo, Atanasio: “Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse aquel tanto de la casa como del cuidado de la hermana». Pero el Evangelio le sedujo:  “Si quieres llegar al final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cieloy luego vente conmigo». ¡Dicho y hecho! Reservando -claro está- una pequeña porción para la pequeña…

En otra ocasión oyó un mensaje similar: «No os agobiéis por el mañana». De  nuevo tomó en serio la Palabra y vendió aun lo poco que había reservado; incluso los muebles, entregando a la hermana al cuidado de unas monjas… A partir de este momento, Antonio se internó en el desierto de la Tebaida, para encontrarse solo con Dios, pero como la SANTIDAD es contagiosa, pronto se vio rodeado de discípulos que pretendían imitarle, como buen «influencer»…

Y tú, ¿te planteas imitar la santidad de aquellos que han puesto «todo su mañana» en Dios?

Antonio Bolivar, cmf

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