20 de junio Día del Refugiado

El pasado 20 de junio se conmemoró el Día Mundial de las Personas Refugiadas. Con tal motivo, ACNUR -Agencia de la ONU para los Refugiados- ha denunciado con alarma que por primera vez en la historia, el número de personas desplazadas en el mundo ha alcanzado los 100 millones de personas.

 

Ello implica que más del 1% de la población mundial se encuentra desplazada, o es lo mismo que decir que en el mundo, una persona entre cada 100 se ha visto obligada a escapar de su hogar para vivir en otro lugar, huyendo de las guerras, las persecuciones, la violencia generalizada o la vulneración sistemática de los derechos humanos, además de las consecuencias más extremas del creciente cambio climático.

 

De estos 100 millones, alrededor de 60 son desplazados internos, que pueden haber huido por razones similares a las de los refugiados, pero no han salido de su propio país por lo que en teoría permanecen bajo la protección de su gobierno, aún cuando sea ese gobierno la razón por la que han tenido que huir, por lo que se vulnerabilidad es extrema.

 

Respecto a las personas refugiadas, es decir, las que se han visto obligadas a huir de su propio país, en torno a 40 millones, ACNUR analiza que el 86% de todos ellas son acogidas en países pobres. Sólo el 14% han logrado ser acogidas en los países ricos del planeta, aquellos mismos en los que vemos cómo crece el racismo y la xenofobia de la mano de la derecha y ultraderecha.

 

Estas cifras estremecedoras se han visto incrementadas por la invasión y la criminal guerra desatada por Rusia contra Ucrania. Según la misma ACNUR, a finales de mayo 6,5 millones de personas ucranianas han huido de su país por la guerra y otros 7 millones han tenido que dejar sus hogares dentro de su propio país.

 

En el caso de Ucrania, tenemos que felicitarnos en general por la rápida respuesta de Europa, que por primera vez, ha activado la Directiva de Protección Temporal que se había aprobado en 2001 y nunca se había llegado a activar. Aunque se han visto ejemplos que tenemos que denunciar, como ha ocurrido con personas de etnia gitana o con migrantes residentes en Ucrania, se trata de un cambio de paradigma.

 

Es en efecto un cambio de paradigma, que nos demuestra que cuando hay voluntad política, se pueden habilitar en la Unión Europea los medios suficientes para acoger a un gran número de personas que huyen y buscan protección y refugio.

 

Por eso, es imposible no denunciar la doble moral y la hipocresía con el que se enfrentó Europa y España a la crisis de refugiados de 2015 por la guerra de Siria. O constatar que por la Frontera Sur en todo el año 2021 tan solo arribaron en el conjunto de Europa aproximadamente 157.000 personas. Ninguna política de acogida y protección en este caso, sino despliegue de patrulleras, fuerzas policiales y políticas de expulsión y rechazo. Este doble rasero sólo puede deberse al crecimiento del racismo y la xenofobia contra las personas africanas o árabes que impregna ya a gobiernos como el nuestro y a las instituciones europeas.

 

El Gobierno de España, mantiene una de las políticas más restrictivas para el reconocimiento del asilo y la protección internacional. Según CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), durante 2021 se presentaron en España 69.891 solicitudes de asilo (lo que supone un descenso continuo desde 2019). El 71% de ellas fueron rechazadas: se concedieron tan solo 7.371 de protección internacional y 12.983 por razones humanitarias.

 

Los que llegan de Ucrania lo hacen bajo el paraguas del sistema de protección especial ultrarrápido, pero los sistemas de acogida ordinarios generan un enorme sufrimiento por retrasos en las citas, que se prolongan a veces hasta un año, se acumulan miles de solicitudes pendientes y al final el porcentaje de rechazos es muy elevado y con criterios enormemente restrictivos. Sabemos, además, que se han desviado recursos del sistema ordinario para atender de urgencia a las personas ucranianas.

 

En nuestro país nunca ha habido la más mínima voluntad política de cumplir con las obligaciones internacionales con respecto a las personas que piden refugio. Menos aún desde luego para las personas consideradas simplemente migrantes.

 

José Antonio Benítez Pineda, cmf

(FOTO: Cadena SER)

 

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