Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha «retirado» y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no interviene en el tejido de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, unas palabras de Jesucristo -«Mi Padre obra siempre» (Jn 5,17)- nos indican más bien lo contrario. Una persona abierta a la presencia de Dios se da cuenta de que Dios obra siempre y de que también actúa hoy. Por eso debemos dejarle entrar y facilitarle que obre en nosotros. Así nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad.

Este mensaje ayuda a superar lo que puede considerarse como gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia. Pero, la acción de Dios no «se ha parado», sino que continúa en el curso del tiempo, tanto en el mundo de la naturaleza como en el de los hombres.

En esta perspectiva se comprende mejor lo que significa “santidad”. Desde las historias de los santos, sabiendo que en los procesos de canonización se busca la virtud «heroica» podemos tener, casi inevitablemente, un concepto equivocado de la santidad porque tendemos a pensar: «esto no es para mí»; «yo no me siento capaz de practicar virtudes heroicas»; «es un ideal demasiado alto para mí». En ese caso la santidad estaría reservada para algunos «grandes» de quienes vemos sus imágenes en los altares y que son muy diferentes a nosotros, normales pecadores. Esa sería una idea totalmente equivocada de la santidad, una concepción errónea que debe ser corregida cuanto antes.

“Virtud heroica” no quiere decir que el santo sea una especie de «gimnasta» de la santidad, que realiza unos ejercicios imposibles para las personas normales. Quiere decir, por el contrario, que en la vida de un hombre se revela la presencia de Dios, y queda más patente todo lo que el hombre no es capaz de hacer por sí mismo. Quizá, en el fondo, se trate de una cuestión terminológica, porque el adjetivo «heroico» ha sido con frecuencia mal interpretado. “Virtud heroica” no significa exactamente que uno hace cosas grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él; él sólo está disponible para dejar que Dios actúe. Con otras palabras, ser santo no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo. Y dejarse hacer. Esto es la santidad.

Por eso, ser santo no comporta ser superior a los demás. Por el contrario, el santo puede ser muy débil, y contar con numerosos errores en su vida. La santidad es el contacto profundo con Dios: es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer realmente que este mundo sea bueno y feliz.

0

Start typing and press Enter to search